LA SEMANA SANTA
Hace mucho tiempo que no me dedicaba a reflexionar sobre las vivencias en mi país. Son las 21:10 h, me he acercado a la terraza, observo el pueblo y aspiro una tranquilidad placentera. Aún no oscurece por completo; los pájaros juguetean en el cielo, uno de ellos se posa en el tejado y comienza a emitir ese dulce y delicado unísono que me produce sosiego. Se unen al canto más avecillas, ¡qué hermoso es sentir este grato regalo de la vida! Poco a poco, la penumbra se cierne y el viento comienza a acariciar mi rostro con mayor intensidad. Hoy no tengo jornada laboral; seguramente alguno de los pacientes preguntará a mi compañera: «¿Por qué hoy no vino Alejandra?». Empiezan a caer tenues gotas de agua; hace poco había cesado la lluvia. Me he acomodado en una mecedora que hay en la terraza, un rincón especial al que acudo siempre que anhelo contemplar las estrellas y meditar. Mientras los segundos se deslizan. Me abrigo con más esmero; suelo llevar una bufanda larga, de esas que...