HOY, AQUI Y AHORA






Detenernos, rendirnos, es una forma de no seguir avanzando. ¿Cuántas veces nos frenamos cuando deseamos terminar un proyecto? Parece como si todo conspirara a nuestro alrededor y surge la duda: ¿vale la pena continuar? Y nos quejamos constantemente.

Criss llevaba una vida agitada. No tenía vicios, ni pareja, ni un entorno social. Su único objetivo era terminar un doctorado. Cada día, después de salir del bufete de abogados donde trabajaba, llegaba a casa exhausta. El cansancio la consumía, el estrés la acompañaba. Una mañana de abril, sin explicación, se preguntó si todo lo que había conseguido realmente valía la pena.

Tomó una decisión que marcaría su vida: abandonar sus proyectos, dejar a un lado sus sueños.

Pero al día siguiente ocurrió algo inesperado. Se levantó extraña, mareada, con las piernas temblorosas y un dolor en la espalda como si cargara un peso invisible. Se duchó, preparó un café y condujo hasta el supermercado.

En la carnicería se encontró con una anciana de mirada cansada. —Usted va detrás de mí —dijo la mujer, con los ojos rojos de tanto llorar.

Criss la observó más de lo normal. Fue un choque de miradas. En medio de la tristeza, apareció una sonrisa inesperada.

—Hija, qué linda es usted. He perdido a mi esposo, a mi hijo, y hace una semana a mi hermano. Hoy el médico me dijo que tengo la tensión muy alta. ¿Qué más me puede dar la vida? Esto: estar viva aquí y ahora, con lo que tengo.

La anciana pidió una pechuga de pollo y dos patitas para su mascota. Al pagar, contó lentamente sus monedas. Luego, con una sonrisa, añadió:

—Sí, hija, además de llorar toda la noche y perder a mis seres queridos, también me he quedado en bancarrota. En unos días me embargan la casa porque no terminé de pagar la hipoteca. Pero, ¿sabe lo que realmente me hace feliz hoy?

—No, señora, no lo sé —respondió Criss.

—Estar viva, hija. Toda mi vida me la pasé pensando en el pasado y en lo que sería de mí en el futuro… y me olvidé de vivir el presente.

Ese día Criss comprendió el mensaje que le dejó aquella anciana: vivir intensamente, aquí y ahora.

Y entendió algo más: que existen personas que, aun atravesando pérdidas, dolor y carencias, son tan fuertes que continúan avanzando. Personas que, en medio de la adversidad, aprenden a valorar lo que tienen, aunque sea poco, porque descubren que la verdadera riqueza está en la vida misma.

Desde entonces, Criss abandonó la ciudad y se mudó a otro país, donde pudo dedicarse a lo que realmente le apasionaba. Y cada vez que la duda regresaba, recordaba aquella mirada, aquella voz quebrada pero firme, y la enseñanza que la sostuvo: la fuerza de vivir el presente, incluso cuando todo parece perdido.


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https://youtu.be/X5FU0Ti9nlQ?si=no-cVizhQu-z1kUs


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